miércoles, 26 de octubre de 2011

Una brizna de aire fresco.

Estaba sentada ahí viendo hacia el horizonte cuando de repente una sombre me atrapó, me cautivó. Estaba disfrutando de la brisa que suavemente recorría mi piel y la sombra se desvaneció inmediatamente en cuanto giré mi cabeza. Era necesario saber la procedencia de esa sombra pero no tuve que buscar mucho volví a voltear y la encontré. Ella era una mujer de tez pálida con diminutas pecas que la caracterizaban. Es alta, de complexión delgada pero había algo peculiar en su postura en la que se apreciaba una inconformidad con ella misma. Su bronceado cabello cubría la mayor parte de su esbelto cuerpo. Mientras se acercaba podía observar sus cejas de igual tono de su cabello que eran de escaso volumen ubicadas en su estrecha frente. Debajo de ellas estaban sus grandes ojos almendrados de color dulce: miel. Sus ojos encontraban a su afilada y estrecha nariz, tiene pómulos marcados que en donde aparecen sus carnosos y definidos labios. Ellos dan lugar a su mentón pequeño y corto que resalta sus pequeños vellos rígidos. Inesperadamente en un parpadeo de ojos se alejó, hubo otra brizna de aire fresco que lentamente erizaba mi piel mientras la imagen de aquella mujer poco a poco se desvanecía ante mis ojos.

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